Crystal Destruction



Acta de la última reunión.

7/06/09
Si, es tarde, llevo sin actualizar mucho tiempo, pero bueh… La mala memoria es lo que tiene.

Aquí viene el acta de la última reunión del staff de la historia. Vamos por orden.

Punto número 1: Imágenes.





Como muchos sabréis, se está preparando la nueva tanda de imágenes gracias al departamento de Marketing, el cual consiguió las imágenes oficiales de Final Fantasy Tactics Advance 2. Con dichos diseños, la supervisión de la administración y el trabajo de la dirección hemos conseguido hacer hasta ahora unas seis imágenes de personajes, contando a cinco PJ y un PNJ. Cada personaje ha sido modificado para intentar llegar al gusto de cada escritor, por lo tanto, cuando tenga tiempo libre y pueda hacer imágenes, pediré la colaboración de los escritores para poder hacerlas. Dentro de los márgenes de lo posible, puedo cambiar piernas, brazos, cuerpo, cabeza y armas… Dentro, como he dicho, de lo posible. A continuación coloco los trabajos actualmente hechos.

Los personajes que todavía falta por crear son: Lomehin, Lylth, Ellander, Onizuka, Kahad y Cyan. En poco tiempo estarán hechos. El resto, es decir, los que ya han sido creados, podéis verlos a los lados de estas líneas (Duh...)

Si las tablas se ven mal agradecería que se me avisara para poder intentar colocar las imágenes correctamente. Gracias.

Punto número 2: Lista de Poderes.
Últimamente hemos notado que a los personajes de la historia les falta cierta “chispa”, por ejemplo, sus capacidades “mágicas”. En el grupo tenemos a tres magos, Mital (Maga Negra e Invocadora), Lylth (Maga Blanca) y Hassle (Mago Rojo), los cuales dominan prácticamente la totalidad de la magia que habrá en la historia (Mital dominará la magia negra y la invocación de eidolones, Lylth dominará la magia blanca y Hassle la mezcla de ambas.). Sin embargo, los personajes físicos también tienen “técnicas” y “poderes” que pueden usar al cabo del tiempo, como por ejemplo los jutsus ninja de Kahad, las técnicas de espada de Onizuka o los poderes de dragoon de Ankar. Para poder equilibrar las tornas con el resto de personajes, cada uno tendrá sus propios “poderes” o “técnicas”. Aviso a todos, la gran mayoría de estos poderes están sacados de ambos juegos de Final Fantasy Tactics Advance. Dado que algunas clases de personajes tienen una gran escasez de técnicas, algunos personajes deberán conformarse con un reducido catálogo de técnicas, sin embargo todos tendréis algunos poderes que puedan usarse en la historia. También se pueden explicar datos aislados, como los poderes dominadores de hielo de Ylenia, con algún hechizo de magia azul o de samurai, y se sustituyen algunas técnicas, como por ejemplo los “Robar: Accesorio” o “Robar: Giles” por un simple “Robar”, ya que cuando un ladrón roba, consigue lo que haya en los bolsillos. Los cambios no serán muy ilógicos y tendrán un significado más o menos “real” para la historia. La lista no está completa, pues siempre que encontramos hechizos que puedan servir para cierto personaje lo agregamos, pero todo aquel que quiera el blog de notas con la lista que me de un aviso. Igualmente, en otra actualización, colocaré la lista de poderes y técnicas, tanto las que van a aprender en el viaje como las que han aprendido, una pequeña descripción y algún que otro dato más.

También, en el caso de los magos va a haber cierto cambio para apañar los niveles de los hechizos, ya que tenemos la intención de usar los nombres en castellano, pero la simple adaptación es complicada. Porque, admitámoslo, no queda igual de bien Piro++ que un flamante Firaga.

Además, como último dato, se incluirán las técnicas que más risas pueden provocar a veces, que nos identifica en este, nuestro Final Fantasy y que empezó, como dijeron en la reunión, con un simple chiste. Las técnicas combinadas, como por ejemplo el ya famoso “Dreighartdoken”. Cada técnica combinada será original, sin haber sido sacada de ningún otro juego de Final Fantasy. El “Hálito de Oscuridad” o el “Doble Fira”, ambos creados en el capítulo del Templo del Árbol Eterno contra los al’bhed son solo la punta del iceberg… Es un tema muy verde (Y no me refiero a Kahad) pero que se puede exprimir mucho. Toda técnica combinada que no sea demasiado exagerada podéis colocarla para poder discutir y, seguramente, usar en la historia. La lista de Técnicas Combinadas también estará dentro del archivo.

Punto número 3: Capítulos.
La saga de Wutai terminó con buen término al fin y al cabo, y se decidió quienes harían los siguientes capítulos de la historia.

• El capítulo de la llegada a Doma ya está en proceso por parte de la dirección y otros departamentos.
• La llegada al Templo del Destello Eterno, el correspondiente calabozo, la batalla contra el jefe y todas las consecuencias será hecho en esencia por Ankar y Dreighart, aunque se precisará la colaboración de algunos otros escritores para ciertas partes.
• La separación del grupo, la llegada a Elfheim y la aventura para conseguir al Kirin como eidolón para Mital será hecha en una colaboración entre esta última, Lomehin y Kahad.

El grupo que se dirige a Elfheim ha sufrido ciertas modificaciones respecto a la idea original, sin embargo, han sido para mejor. El grupo hacia la tierra de los elfos es:

Mital.
Kahad.
Lomehin.
Ellander.
Cyan.

El grupo que se dirige a Cañón Cosmo por las heridas sufridas en el combate del Templo del Destello Eterno se quedará ahí hasta el regreso del primer grupo. Los miembros son:

Ankar (Inconsciente)
Dreighart (Inconsciente)
Onizuka (Inconsciente y envenenado)
Ylenia (Inconsciente o autista)
Lylth (Quien se ocupa de las tareas de curación)
Hassle (Ayudante de la maga blanca)

• El viaje desde Cañón Cosmo hasta la Cueva de Mist, pasando por Alexandría, Wutai del Oeste, Wutai del Este y Baron, será hecho por Ylenia. En Baron habrá cierta visita a Kain por parte de Ankar (Esa parte del capítulo se te mandará, Ylenia).

• En la cueva de Mist y en el propio Mist Ankar ha de hacer una sidequest específica para él, para conseguir algunas cosas. Ambos lugares los hará Ankar.

• El viaje desde Mist hacia Kalm y la llegada al Templo de la Sombra Eterna estará en manos de Dreighart.

• El calabozo del Templo de la Sombra Eterna tendrá la colaboración general. Cada escritor deberá escribir un pequeño escrito donde cada personaje deberá superar (o no) algún episodio traumático de la vida de su personaje, y acto seguido, se hará la batalla contra el Guardián. Mandad los escritos a Ankar.

• El transcurso entre el Templo de la Sombra Eterna hacia Baron y todo eso será hecho por el departamento médico. Será un capítulo más o menos corto en el que se le proporcionará al grupo de su primera aeronave.

• Desde el imperio de Baron hacia Narshe, al norte, y toda la historia de Hassle en su pueblo natal, será escrita por él mismo.

• La llegada a la Cueva del Dragón y el calabozo interno de dicha cueva están en manos de Mital.

Hasta este último punto llegará la saga del primer libro titulado “El Mundo de la Luz”. Cuando lleguemos a dicho punto haremos una nueva reunión y decidiremos los primeros capítulos.
Punto número 4: Imágenes IN-GAME
Como os prometí, he estado haciendo alguna que otra imagen usando los sprites de los juegos de Final Fantasy. Aquí tenéis las que he hecho (Click en la imagen para ampliar).








La batalla de Ankar y Undine.















Toma falsa del capítulo corregido del Templo del Fuego Eterno.















Batalla en la aeronave contra los lobos de los Al’bhed.


Punto número 5: Agradecimientos.
Bien, este es un punto que no suele ponerse nunca pero que hace poco decidí que sería necesario… Si, os lo digo a vosotros, aquellos que leéis la historia sin ser escritores y que os gusta. Gracias. Y por cierto… A ese chico y a esas dos chicas que estaban entre las paradas de San Roque y Pep Ventura, que sepáis que el chico que llevaba la camiseta con un hombre escribiendo en un ordenador y que se podía leer “Chafitas Fics Incorporated”, que estaba escribiendo cosas en una libreta y que estaba sentado justo enfrente de vosotros… Pues que sepáis que ese tipo era YO, Linkaín Arakeist… Y a los que no lo entendáis del grupo de autores… Significa que… ¡Tenemos lectores fuera de nuestro círculo! ¡Tenemos fans, tíos! ¡Si! ¡Y hablaron de la historia sin que se dieran cuenta de que yo estaba enfrente! xDDD

En fin… hasta aquí, el acta.

Ankar Einor, Director de Crystal Destruction.

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Actualizaciones y cambios

1/03/09
Gente bonita! Escritores de nuestra querida historia! Es hora de hacer un pequeño repaso de nuestros planes a futuro, y para ello revisaremos el informa de la última reunión... Lo cual suscita la idea de celebrar otra, así que si tienen ideas o sugerencias al respecto, bienvenidas sean.

Hecha la introducción, pasemos a los hechos:

Informe sobre la última reunión.

¿Listo? ¿Lo vieron? ¡Bien! Entonces procedamos a actualizar y comentar:

-El episodio de Wutai acaba de ver su última parte publicada, con lo cual lo damos por concludio.

-Empieza el episodio de Doma, que seguirá según lo planeado: escrito por Onizuka, con participación de Hassle y Ankar (que el dragoon está hasta en la sopa, oiga!). El "capítulo de Alexandria" será asumido como participación de Lylth en el capítulo principal.

-Tras Doma llega el episodio del Templo del Destello Eterno, que será escrito principalmente por Ankar pero en el que todos debemos involucrarnos.

-El episodio de Cañón Cosmo / Elfheim seguirá estando repartido entre Lomehin, Kahad y Mital (servidora), por lo que permanece sin grandes cambios.

Recordemos también que todos los capítulos están abiertos a participaciones ajenas; basta un mensaje de cualquier tipo (sms, msn, pm o cualquir otra sigla con m) para ponerse de acuerdo. ¡Y celebremos que la corrección de la historia va viento en popa! En un par de capítulos más dejaremos atrás nuestro vergonzoso principio (si no me creen vayan el foro y revisen la primera página... a más de uno le van a dar ganas de cometer seppuku), y comenzaremos a publicar casi de forma íntegra (ya saben, con los cambios argumentales pertinentes). Y bueno, insisto un poco más, ya para acabar: sugerencias para reunión de escritores.

Un cordial saludo,

Mital Riumo.
Administración.

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Capítulo 5: Guardián

24/02/09





Recorría los largos pasillos del castillo en silencio, guiada por un obediente soldado que solo había anunciado su nombre y el de quien lo enviaba. Eso había sido media hora atrás.

Imaginaba que el líder de los dragoons no había podido conseguir una hora mejor, pero estaba bien. Cuanta menos gente la viera, menos explicaciones habría que dar; cuanta menos gente hubiera, menos habría que esperar. Y al fin, cuando llegaron a la puerta de la sala de audiencias, el soldado-guía se detuvo, cediéndole el paso a ella... sola. La invocadora asintió con la cabeza, agradecida.

-Gracias.

-Su majestad, el rey Cecil, la espera.

Entró. La sala que la recibió era más pequeña de lo que esperaba, y aunque grandes ventanales sustituían las paredes la luz del día aún no era suficiente para iluminar todo el lugar, y tampoco había muchas antorchas encendidas, por lo que la sala entera se hallaba sumida en una semipenumbra. Pero ella podía ver sin demasiada dificultad en la oscuridad, quizá por la parte que desconocía de su sangre, y al fondo descubrió dos tronos, uno de ellos ocupado por un hombre vestido con increíble simpleza para tratarse de un rey, y a otro hombre al lado de éste bien uniformado con la armadura de su escuadrón y los blasones que le correspondían.

-Mital Riumo... -La chica se arrodilló ante la mención de su nombre.- No, no, fuera eso. Levántate y perdamos el mínimo tiempo posible. ¿Qué quieres de mí?

-Majestad, rey Cecil, yo... Necesito que me permitáis el acceso a Eblan.

-¿Por qué?

Mital no se sorprendió de que Cecil no insistiera en que Eblan "ya era visitable". Estando Kain allí, habiéndose encargado de al audiencia privada, se imaginaba que ya había puesto al rey en antecedentes...

-Necesito la guía de la maestra invocadora Rydia para llegar hasta el maestro de los eidolones.

-¿Para qué?

La voz del rey Cecil era la voz que un rey debía tener: cordial y autoritaria a la vez, una voz que hiciera notar su poder y, a la vez, no intimidara en exceso a su interlocutor. A Mital no parecía afectarle en modo alguno.

-Seguro que su majestad entenderá la intranquilidad que produce saberse solo humano en parte...

El rey se giró en ese instante hacia su compañero, pidiendo explicaciones. El hombre, que no era otro que Kain, sacudió la cabeza en un gesto de incomprensión. La chica continuó hablando tras observar estas reacciones.

-Mi hogar, señor, es Kolinghen por nacimiento. Confío, sin embargo, en que establecer contacto con el líder de aquellos que son la fuente de mi poder pueda esclarecer lo demás... Pero para eso necesito llegar primero hasta él.

-Entiendo. -El rey de Baron guardó silencio durante unos instantes, mientras Kain le susurraba algo más al oído.- Tu petición será tomada en cuenta, y la respuesta te será enviada al lugar donde te alojas a lo largo del día. Puedes retirarte.

-Gracias, majestad.

Mital hizo una reverencia y obedeció el mandato del rey. El rubio se giró entonces hacia el dragoon.

-¿Por qué no le crees?

-¿Por qué tú sí?

-Rydia tiene el pelo verde, esta chica lo tiene morado. Parece que es parte de su poder el que tengan el cuerpo raro, ¿no crees?

Kain sonrió mientras, con una reverencia, se retiraba.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

-Yo... yo vivía en las calles de Kalm, a mi suerte. Mis amigos... Juto, Ludius y yo... Los tres nos manteníamos y nos cuidábamos. Pero Kalm es una ciudad demasiado rica para mantener a gente como nosotros, si sabéis a qué me refiero, y el corregidor... Ese malnacido de Fogret... Aún me pregunto cómo en Baron lo dejan hacer lo que quiera en Kalm.

>>El caso es que hace unos días decidimos dar un golpe. Nadie allí está contento, ¿sabéis? Así que aguarle un poco la fiesta a Fogret, especialmente durante la feria, era un plan cojonudo... Íbamos a hacernos con un poco de dinero, solo un poco, y sobre todo comida. ¡Nadie tiene más que él! Y no miento. La ciudad entera podría morirse de hambre mientras ese hideputa se hincha a comer pavo y cerdo y cualquier otro animal que se os venga a la cabeza. Apuesto a que en Tule, que son más pobres, comerían mejor; ellos al menos pueden pescar. Bueno, el caso es que decidimos atacar.

>>El plan era sencillo: esa noche había una fiesta (ya os dije que se celebraba la feria), y por la noche se iban a lanzar fuegos artificiales. Como es tradición que el corregidor se asome al balcón de su casa a decir unas palabras, nosotros íbamos a aprovechar esa distracción para colarnos, sacar lo que pudiéramos en unos pocos minutos y luego largarnos. ¡Y lo hicimos bien! Pero... Cuando íbamos a salir de nuevo, ahí estaba él, con un montón de soldados, esperando listos para atacar. No sé a ellos, pero a mí se me fue el alma a los pies. Y entonces...

-Idos -ordenó Fogret a sus soldados.

-¡Pero, señor...!

-¡Fuera!

Los soldados obedecieron a regañadientes. Cuando todos se hubieron marchado, Fogret sonrió.

-Bien. Ahora dispondré de vosotros a mi gusto.

Tras decir esto, con una velocidad imposible de describir, rebanó el cuello de Ludius, separando su cabeza del resto del cuerpo.

-¡Monstruo! ¡Pagarás por esto!- gritó Juto mientras se lanzaba contra él, enarbolando una poderosa espada.

Sin embargo, de poco le sirvió el arma. En un par de minutos, su espada había sido partida por la mitad, así como su corazón. Dreighart temblaba, pero no de miedo, sino de impotencia y furia. Sus manos temblaban incontrolablemente, mientras extraía las dagas de sus vainas.

-Esto no te lo perdono… Eran las únicas personas que me importaban en la vida, y tú las has eliminado como si sus vidas no valieran nada. ¡Te enseñaré el verdadero valor de sus vidas!

-Me dio la paliza de mi vida... A tal punto que me dejó inconsciente por un rato, pero no me mató. De hecho, cuando me desperté un rato después, era él el que estaba muerto, descuartizado... Los guardias no habían llegado aún, pero yo sabía que si me encontraban allí me iban a culpar, así que cogí el dinero que pude y huí. Mi primera idea fue ir al sur, lejos de Kalm, pero cuando se me ocurrió cruzar el mar desde Wutai ya estaba en el desierto y... En fin. Sólo si Mateus quería saldría yo vivo de ésta.

>>Parece que así fue.

-Conmovedor.

Ankar se giró hacia Lomehin, sorprendido y en parte disgustado. ¿Quién se creía para despreciar de esa forma la historia de una persona...? Aunque no podía negar que, en parte, sentía deseos de expresar él mismo semejante opinión.

-Joer, tío, qué mala leche que tienes -comenzó a reprender Onizuka.- El pobrecito criminal, ladronzuelo de poca monta, asesino frustrado, contándonos sus penas y vas tú y te burlas de él...

Se interrumpió. Antes de que Ankar o Lomehin pudieran hacer algo al respecto, el pelirrojo samurai ya había comenzado a correr duna arriba, en dirección a su destino. El chico nuevo solo lo miraba, atónito ante semejante actitud.

Según les había contado al despertar, momento que habían aprovechado para volver a ponerse en marcha, se llamaba Dreighart Firius y tenía 20 años. Era casi tan alto como Onizuka, pero era bastante más delgado que éste, probablemente por los orígenes que les había mencionado, y dado que sus ropas estaban destrozadas y cubiertas de sangre (aunque el chico juraba haberlas lavado a conciencia) no tuvieron más remedio que darle la muda que Ankar llevaba: un pantalón beige y una camisa azul, a juego con sus largos cabellos azules.

-Por cierto, Ankar -Dreighart agachó la cabeza-, gracias por... todo. Yo... bueno, ya os he contado mi historia, así que ya sabes que no tengo adónde ir... Por eso, si puedo serte de ayuda en tu misión...

El dragoon lo miró. Los ojos de Dreighart eran negros como la noche, y como ésta brillaban, aunque ese brillo delataba una inocencia repleta de honestidad... No la honestidad de quien dice la verdad, sino la de quien, en su corazón, es incapaz de traicionar a los suyos. Le había gustado ese brillo.

-Si de verdad es así, entonces pruebalo. Sin embargo, no te prometo que no vaya a entregarte a las autoridades una vez regresemos a Baron.

-¡Pero...!

-Fogret, o como se llamase, era un lacayo del rey Cecil. Como soldado suyo que soy, mi deber es informar de éstos incidentes a su majestad, y de entregar a los posibles culpables.

El ladrón suspiró, e inconscientemente llevó la mano hacia el colgante que pendía de su cuello, apretándolo. Lomehin lo miró de reojo cuando hizo eso. Tenía la sensación de ser el único que había notado que, durante el relato, el joven había mantenido la alhaja presa en su puño.

Terminaron de subir la duna en ese momento. Durante la travesía, que había durado desde la medianoche hasta ese mismo momento, cuando recién estaba amaneciendo, habían decidido caminar llevando de las riendas a los chocobos, lo cual significaba que Ankar debía encargarse de su propia montura y de la de Onizuka, al ser Lomehin y Dreighart desconocidos de los que no se fiaba Highwind y al ser su dueño demasiado irresponsable y peligroso como guía.

Por fin, pasada la duna hallaron el Templo del Fuego Eterno, una modesta construcción para su nombre, coronado por esferas en lugar de tejado y con pequeñas ventanas ovaladas en la parte más alta de sus muros. La gran puerta de madera que servía de entrada estaba adornada con una representación a gran escala del emblema del Cristal del Fuego.

Mientras Lomehin y Dreighart contemplaban el edificio, crítico uno y admirado el segundo, Ankar se acercó con paso seguro hacia la puerta, en la que un sobreexcitado Onizuka intentaba cortejar a una sacerdotisa que acababa de salir.

-Si no me quieres decir tu nombre, dime al menos a qué hora podemos vernos...

-Caballero, yo...

-¡Onizuka! -La sacerdotisa y el samurai repararon en ese momento en el dragoon, más por el grito mental que por haberlo visto realmente.- Señorita, disculpe a mi compañeros por sus modales tan rudos...

-Acepto sus disculpas. Ahora, como intentaba preguntarle a él, ¿qué los trae hasta esta casa de las llamas?

Ankar sacó en ese momento rollo y el anillo que Kain les había dado antes de salir y se lo mostró a la sacerdotisa.

-El rey Cecil teme por la seguridad de los Cristales y me envía en una misión de inspección a comprobar que nada desafortunado ocurra. Cuento con su venía para contratar a los guerreros de mi elección que me acompañen en esta empresa.

-Y aquí tenemos... -La sacerdotisa paseó su mirada por al grupo. Lomehin ya se acercaba hacia ellos, pero a Dreighart le costó un poco más volver al mundo real.- ...Un caballero oscuro, un samurai, un dragoon y un muchacho de cabello azul... -Los ojos de la mujer se posaron sobre Dreighart.- ¿Puedo preguntar por la identidad de ese joven?

El ladronzuelo tragó saliva. Ya está, Dreighart, la hemos cagado, pensó. Ankar no lo iba a salvar de ésta.

-¿Él? -Intervino de pronto Onizuka.- Es un pariente lejano mío. Tuvo un accidente de pequeño con unos magos negros y desde entonces tiene el pelo así.

-Así que lo hizo un mago... -La sacerdotisa sonrió, conciliadora, y luego se llevó las manos al pecho y agachó la cabeza, haciendo el saludo tradicional de las sacerdotisas del Cristal de Fuego.- Podéis pasar, caballeros. A vuestra derecha hallaréis un establo para vuestros chocobos, y el pabellón del Cristal es el que se encuentra en el centro del oasis.

-¡Oasis! -Exclamó Dreighart, sorprendido.

Los guerreros y el ladrón entraron al templo. Una novicia tomó las riendas de los chocobos y les prometió encargarse de ellos mientras resolvían sus asuntos, por lo que pudieron seguir adelante sin problemas.

El interior distaba mucho de parecerse al exterior: el techo redondo confería una sensación casi irreal a los espacios, y la piedra, de color mucho más claro, tenía labrados huecos para colocar cirios y lámparas de todo tipo, adornados los espacios intermedios con el mismo símbolo de la puerta principal. Una sacerdotisa se acercó para serviles de guía, y les explicó que el templo estaba dividido en tres partes: la mitad oriental era la parte a la que tenían acceso los visitantes, en la que se podían encontrar habitaciones de descanso, sala de curas, letrinas y una capilla; la mitad occidental era de acceso exclusivo a las clérigas, pues en esa zona estaban sus aposentos, comedor, y la capilla dedicada al cristal. Estas dos alas se extendían en forma de cuadrilátero, rodeando un patio interior que era el oasis, en el centro del cual se levantaba una habitación no muy grande, con solo una puerta y ninguna ventana, a la que solo tenía acceso la suma sacerdotisa.

-Pero tienen suerte -añadió al final la mujer-, pues ahí viene nuestra suma sacerdotisa.

Hizo un gesto con la mano y señaló el pasillo a su derecha, por el que se acercaba una mujer de mediana edad, de piel morena y cabello negro, vestida con unos pesados hábitos rojos decorados con motivos de llamas en color blanco. Ankar la saludó respetuosamente al verla, y poco tardaron en imitarlo sus compañeros. La suma sacerdotisa, por su parte, despidió a la guía antes de devolver el saludo.

-Os esperaba, Ankar Einor y compañía -dijo sonriente.- El cristal me anunció vuestra llegada. ¿Puedes mostrarme tu salvoconducto y relatarme tu misión?

Ankar repitió el proceso. Mientras lo hacía, Dreighart se apartó un momento para hablar con Onizuka.

-Oye, esto.. Samurai...

-Onizuka.

-Sí, eso... Bueno, verás, yo... Gracias por lo de antes. Estoy en deuda contigo ahora también.

-¿En serio?

-¿Eh?

El samurai sonrió.

-No te preocupes, ya me cobraré el favor más tarde...

Volvieron a poner su atención en la sacerdotisa, que parecía haber terminado su charla particular con Ankar.

-Si quieren un refrigerio o necesitan usar las letrinas este es el momento adecuado. Una vez estén preparados yo misma los conduciré hasta el Cristal. ¿Están listos?

-Estamos listos, señora -anunció el dragoon.

La suma sacerdotisa asintió y, dándose la vuelta, abrió las puertas que se encontraban a su espalda, las del pequeño edificio cerrado que era el pabellón del Cristal. En lugar de la sala que esperaban solo encontraron unas largas escaleras que bajaban, hundiéndose en la tierra, y por las cuales la suma sacerdotisa los condujo, habiendo previamente cogido una vela para alumbrar el camino. Tuvieron que descender varios tramos de escaleras antes de volver a encontrarse con una puerta, tan falta de ornamentos como la que anteriormente habían atravesado, pero al menos esta estaba pintada de un intenso color rojo... y no se veía en ella nada que sirviera para abrirla. En ese momento la mujer tendió su lámpara a Dreighart, que se encontraba a su derecha, y se agachó con las manos pegadas a las puertas, musitó una oración, y la entrada se abrió de par en par, desvaneciéndose las puertas como si nunca hubieran estado allí. El grupo retrocedió, sorprendido, pero no tuvieron tiempo de hacer comentarios, pues la suma sacerdotisa los estaba encarando de nuevo cuando recobraron la compostura.

-Yo no seguiré adelante -anunció.- Mi deber era abriros la puerta; el resto es cosa vuestra y de vuestros compañeros, Ankar Einor, pero por si necesitarais algo, yo estaré junto a la primera escalera del pabellón. Aseguraos de que nada malo ocurra con el Cristal.

-Gracias, señora.

-Suerte, jóvenes.

La suma sacerdotisa se marchó escaleras arriba, y ellos entraron. Aunque en parte se lo esperaban, no pudieron evitar sorprenderse, otra vez, cuando la puerta volvió a materializarse tras ellos, solo para cerrarse segundos después. Estaban encerrados en la sala del Cristal, y sin nada mejor que hacer, comenzaron a mirar a su alrededor.

-Esto sí parece una Sala del Cristal... y un templo -murmuró el de Doma.

Y era cierto. Aún sin estar demasiado decorado, tapices y grabados se distinguían en las paredes, con los emblemas del fuego y, aparentemente, de su guardián. Los dibujos negros y rojos del suelo y los mosaicos de las paredes representaban una misma escena, aunque ninguno de ellos acertaba a interpretar su significado, y tampoco estaban demasiado pendientes de ella. Su atención estaba centrada en el pedestal que se alzaba al fondo, finas columnas de oro trenzadas levantando un prisma alargado que resplandecía con tonos carmesíes.

-El cristal... -Ankar tragó saliva y miró a su alrededor; sus compañeros esperaban que diera el primer paso.- Aquí voy -pensó.

Comenzó a caminar en dirección al Cristal del Fuego reuniendo toda la seguridad y calma que guardaba en su interior. Por un segundo le pareció oír la risa de Lomehin, pero eso no tenía sentido, seguramente los nervios le estaban jugando malas pasadas.

Se detuvo a cinco pasos del Cristal. ¿Ahora qué?, se preguntaba. La respuesta llegó bajo la forma de una columna de fuego que salió desde el Cristal. Ankar se echó hacia atrás y se cubrió con los brazos para evitar la fuerte luz y las llamas, poniéndose la armadura en el proceso... Pero ya no estaban. Asustados, se dio la vuelta, solo para encontrarse que en el espacio que lo separaba de Onizuka y el resto había ahora un hombre, más alto que Lomehin, de piel oscura y cabellos del color de las llamas, trenzados y atados a su cintura y a sus muñecas sobre un hábito similar al que llevaban las sacerdotisas. Y el hombre lo miraba.

-¿A qué has venido? -Preguntó. Su voz era áspera, ronca, casi gutural.

-Quieto para'o ahí, tú -interrumpió el samurai.- ¿Eres el Guardián?

-¿Y qué si no? ¿Crees que alguien más puede salir del Cristal? -Respondió el hombre.- Y tú, contéstame.

-Mis compañeros y yo venimos en una misión de parte del rey Cecil de Baron, pues se teme que esté amenazada la seguridad de los Cristales. -Había contado tantas veces la historia que ya no temía que su mente desvelara que era falsa; él mismo comenzaba a creérsela.

-¿Por quién? ¿Por ti? -Ankar abrió desmesuradamente los ojos.- ¿Crees que no lo sé? Tú no eres el protector... No hay protector. Hay destructor. La misión que tu rey, que reciba mis saludos, es destruir el cristal, ¿correcto?

Ankar agachó la cabeza, intentando ordenar sus pensamientos antes de dar una respuesta. No vio a Onizuka y a Dregihart palidecer hasta lo indescriptible.

-¿Bromea, no? Vamos, que nadie va a mandar a alguien a destruir los Cristales Elementales así, sin más...

-Los Cristales sagrados...

-Es cierto -consiguió transmitir finalmente el dragoon, recordando la conversación con Cecil y transmitiéndosela a sus compañeros.

-Bien… -Cecil se pasó la lengua por los labios. -Tu misión consiste en ir a los Templos Eternos y destruir los cristales elementales.

-¡¿Cómo?! ¡Pero si eso es un delito mundial! ¡No soy un proscrito, mi señor!

-Cálmate, hijo, no he terminado de hablar. -Dijo levantando una mano.

-¡Pero...!

-¡Silencio! -Esta vez, la voz de Cecil fue totalmente autoritaria, y Ankar cerró sus pensamientos y agachó la cabeza. -Bien, eso está mejor. No pienses que te mando a una misión suicida solo por pedirte que destruyas los cristales. Hay una razón muy poderosa para ello.

-Aún no sé cuál es esa "poderosa razón"...

-Pero es cierto, hay una razón -confirmó el Guardián.- Ahora, el marrón de contártela -sonrió- que se lo coma tu rey. Vosotros, aquí y ahora, tenéis algo más importante de lo que preocuparos.

-¿El qué?

-Tenéis que conseguir... -El Guardián extendió los brazos, alzándolos, y comenzó a elevarse.- ...vencerme a mí.

La temperatura de la sala, ya de por sí alta, aumentó de forma insoportable. Los guerreros siguieron con la vista el hombre de piel morena, y fueron testigos de cómo la túnica se evaporaba, y su cuerpo se transformaba en el de una enorme bestia cornuda, con cola de león y con garras en lugar de manos y pies. El cabello que antes estuviera atado ahora se había fundido con las partes de su cuerpo en torno a las que se encontraba, y lo único que le quedaba de ropa era un taparrabos de color arena. Su rostro se alargó, tomando una forma parecida al de un coeurl, un monstruo a caballo entre felino y cánido, con una boca repleta de afilados dientes.

-¡Contemplad a Iffrit, mortales! ¡Debéis vencerme si queréis completar vuestra misión!

Acto seguido el Guardián del Cristal de Fuego lanzó una potente llamarada hacia los tres que se encontraban a su espalda. Lomehin lo esquivó sin problemas, y Dreighart reaccionó a tiempo para apartarse de la trayectoria del fuego; Onizuka, en cambio, se quedó donde estaba, limitándose a desenfundar la katana que llevaba a la espalda.

-¡Llamitas a mí! -Exclamó, partiendo en dos con su espada la ola de fuego que se abalanzaba hacia él.

Sin detenerse, el samurai aprovechó el desconcierto del eidolon para acercarse corriendo hasta él y golpearlo... sin éxito.

-¿Crees que puedes hacerme daño a mí con una espada de fuego, pequeño samurai?

-Uy, vaya, fallo de cálculo...

Iffrit no se entretuvo hablando, sino que propinó un fuerte puñetazo en el abdomen a Onizuka, lanzándolo unos pocos metros hacia atrás por la inercia. Pero cuando comenzó a caminar en dirección al samurai se encontró frente a frente con Ankar.

-De fuego no, pero, ¿qué tal de rayo?

El dragoon, en lugar de sacar su lanza retráctil, había optado por luchar con su espada eléctrica, y con ella había tajado certeramente el abdomen de la criatura, que retrocedió para evitar una herida mayor. En ese momento, sin embargo, vio por el rabillo del ojo que el caballero oscuro se acercaba hacia él listo para ensartarle su espada oscura en el costado, por lo que tuvo apenas unos segundos para saltar hacia un lado y evitar el envite. Los tres espadachines aprovecharon ese momento para reagruparse.

-¡Esa cabra me ha hecho quedar en ridículo! -Protestó Onizuka.

-Tampoco es que sea muy difícil -apuntó Lomehin.

-Esta vez te lo paso, niño, pero a la próxima...

-¡No es momento de discutir por estupideces! -Reprendió Ankar, haciendo que sus dos compañeros se llevaran las manos a la cabeza, adoloridos por el grito mental.

Onizuka había vuelto a enfundar su katana elemental, y volvió a lanzarse al ataque con la normal, cubriendo el flanco izquierdo de la bestia. Lomehin hizo lo propio con el derecho, mientras Ankar enfundaba su espada para coger, esta vez sí, su preciada lanza. Los tres se lanzaron hacia el Guardián, que intentó retroceder, pero se vio sorprendido por Dreighart, que desde su retaguardia se lanzó de rodillas, daga en mano, para herir las piernas de la criatura. Iffrit rugió de dolor cuando sintió la cuchillada en la parte trasera de su propia rodilla, pero no tuvo más tiempo para quejarse, pues Onizuka y Lomehin ya estaban sobre él.

-¡Quadraslam!

-¡Sombra!

Mientras luchaba por cubrirse con los brazos de los cuatro cortes consecutivos del samurai, el caballero oscuro lanzó una onda de energía oscura que lo envolvió de lleno, produciendo en él heridas como quemaduras, y en el justo momento en que todo parecía calmarse, Ankar apareció en el centro de su campo visual, arma en mano lista para ser arrojada.

-¡Lanza!

A la velocidad del rayo, la lanza de Ankar se clavó en el pecho de Iffrit, que rugió de dolor e indignación. Al parecer, sin embargo, aún no estaba lo bastante malherido como para provocar su rendición, pues como si de una espina se tratara se arrancó la lanza, que no se había clavado más allá de la punta, y se elevó una vez más en el aire, comenzando a envolver su cuerpo en potentes llamas que aumentaron aún más, si acaso era posible, la temperatura de la sala del Cristal.

-¡Fuego Infernal!

Despiadadamente comenzó a lanzar bolas de fuego hacia el grupo, sin que las llamas que lo rodeaban disminuyeran un ápice.

-¡Este no piensa darnos tregua! -Exclamó Onizuka.

-Yo me encargo.

Lomehin aprovechó un punto muerto en el ataque del eidolon para volver a cargar y lanzar su ataque Sombra, pero fue inútil: las llamas lo anularon completamente. Frustrado, comenzó a mascullar imprecaciones mientras observaba a los otros guerreros, pensando en una posible solución.

-¿No hay nada que tú puedas hacer, Ankar?

-Sólo soy telépata; no poseo habilidades de telekinesis.

Onizuka, mientras tanto, había conseguido reagruparse con el ladrón, aunque seguían teniendo que esquivar las bolas de fuego.

-¡Dreghty, vamos a probar una cosa!

-¿"Dreighty"?

-Cuando te avise, te quedas quieto para que te coja y te lance, y cuando estés encima de él, buscas un punto muerto y le clavas la daga. ¿Entendido?

-¡Entendido!

-¡Ahora!

El peliazul hizo lo que el pelirrojo le había indicado, y de pronto sintió cómo lo levantaban en el aire dos poderosos brazos y lo arrojaban con increíble fuerza en dirección al Guardián, por encima de éste.

-¡Dreighartdoken!

Dreighart pasó volando a increíble velocidad por encima de sus compañeros y encontró, como el samurai esperaba, una zona descubierta en los hombros de Iffrit, que no perdió tiempo en atacar en cuanto tuvo centrada, clavando su daga con todas sus fuerzas (y, de paso, colgándose él de la daga para no caer estrepitosamente al suelo). La bestia rugió y bajó la guardia el tiempo suficiente para que Lomehin conectara por fin su ataque Sombra y Onizuka clavara su katana en un costado del monstruo. El último en atacar fue Ankar, atravesando con su lanza el hombro derecho del eidolon. Éste, al verse derrotado, comenzó a reír.

-Ah, sois fuertes... -Iffrit movió los brazos, y una ola de fuego obligó a sus atacantes a apartarse de él. Sin embargo, las llamas no los hirieron, y sí curaron las heridas del Guardián.- Tu rey eligió bien, dragoon. Sois merecedores de la tarea que se os ha encomendado.

Los guerreros recuperaron el aliento mientras veían al eidolon acercarse tranquilamente hacia el pedestal del Cristal, coger éste último con las manos, y destruirlo apretándolo en su puño. Varios fragmentos cayeron al suelo, desparramándose, e Iffrit cogió el que cayó más cerca de sus pies. Luego se dio la vuelta y, al mismo ritmo de antes, se acercó a Ankar.

-Tómalo; lo necesitarás. Suerte en tu misión, dragoon.

Y, envolviéndose en una cortina de fuego, desapareció.

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Capítulo 4: El Desierto

11/01/09
















-Por esa calle a la derecha. ¿No te importa?

-Qué va, qué va. No tardo nada.

-Pero no la líes.

-Que no.

-En serio.

-Que no la voy a liar.

-Y nada de sacar la espada. Y NO me vengas ahora con chistes malos.

Onizuka sonrió inocentemente mientras se llevaba una mano a la cabeza, adolorida por el grito mental de Ankar, y luego se dio la vuelta para seguir el camino que le había indicado. Por algún motivo el dragoon le había pedido a él que fuera al establo chocobo, aunque Onizuka no tenía ninguna necesidad de ello; el samurai tenía su propio chocobo, el albino Highwind, a pesar de que normalmente invirtieran los roles de montura y jinete. Por lo menos, se excusaba el guerrero de Doma, al menos así no se perdía, pues no brillaba precisamente por su sentido de la orientación. Y así lo probó a los pocos minutos de alejarse de Ankar, cuando en lugar de girar a la derecha giró hacia la izquierda.

-¡Wark! ¡Wark wark wark wark!

Onizuka se giró al oír los graznidos de los chocobos, solo para encontrarse de frente con el establo. Highwind, tras él, era el que el había dado el aviso.

Poco tardó en localizar al encargado, o más bien encargada: una moza de piel y cabello oscuro, que limpiaba las plumas de un ejemplar especialmente grande y gordo.

-Buenas tardes, preciosa flor de gysahl. ¿Serías tan amable de atenderme unos momentos, hermosa?

-¿Qué quiere, señor? -La cuidadora se giró hacia el pelirrojo, con las mejillas arreboladas.

-Bueno, al principio pensé en pedirte solamente un chocobo de alquiler que pudiera ayudarnos a mí y a mi compañero a atravesar el desierto, lugar donde lastimosamente no podré encontrar otra joya como tú, y por eso mismo ahora me gustaría saber tu nombre, apellido, nación, edad, medidas, comida preferida, lugar, número, día...

-¡¡ONIZUKA!!

El samurai se encogió a la par que se sujetaba la cabeza con las manos, solo para ver a Ankar entrando raudo al establo.

-¿¡Se puede saber qué estás haciendo!?

-Eh... ¿Conseguirte un chocobo?

-¿¡Y!?

-¿Ligar?

-¿¡Eres idiota!? ¡Crys tiene edad para ser tu hija!

-¿En serio? -La chica y el samurai miraron al dragoon.

-No, pero...

-Entonces no es ilegal.

-¡Pero...!

-Señor Einor, ¿el chocobo es para usted?

-Ah, sí... -El dragoon miró a la muchacha distraido, aún demasiado concentrado en reprender a Onizuka como para prestar atención a otras cosas.

-Entonces, ¿lo apunto en la cuenta de la armada?

-No, esta vez no. Es una misión especial.

Onizuka miró a su compañero, enarcando una ceja.

-¿Pero no me dijiste que...?

-Tú calla. Crys, por favor...

-En seguida.

La muchacha se alejó, y pronto la vieron entretenida ensillando a una de las aves, de fuerte color amarillo.

-Onizuka, el dinero.

-Yo no pago.

-¿Cómo que no?

-Yo ya tengo a Highwind; ¿para qué quiero más?

-¡Compensa por el problema que has ocasionado!

-¿Qué problema? ¡Yo no soy el que entró chillando al establo!

-Si serás tarado...

-¿Qué has dicho?

-Que por ahí hay una tía vestida de leopardo.

-¿¡Dónde!?

-Simplón...

La encargada llegó en ese momento junto a los dos guerreros, y tras intercambiar al animal por el dinero (que salió del bolsillo de Ankar) los dos emprendieron el camino de vuelta hacia las pistas de aterrizaje. El joven pelirrojo recordó entonces lo que le quería preguntar a su amigo desde hacía un rato.

-Oye, ¿y por qué me mandaste a mí a por el chocobo, si era para ti?

-Por eso.

El dragoon, tras transmitir el pensamiento, señaló las pistas, a las que ya habían llegado. Angelus no estaba muy lejos y, con ella, un pequeño moguri, de pelaje grisáceo y traje violeta. Antes de que Onizuka pudiera decir nada, Highwind de aproximó corriendo al dúo.

-¡Wark! Wark, ¿wark wark?.

-Nada, el simpático amiguito me hablaba sobre él.

-¡Kupó! Kupopopo, kupó.

-¿Wark?

-Kupopo. ¿Kupó kukupó kupó po?

-Wark wark wark wark wark. Wark wark wark.

-Así es.

-¿Kupopo? ¡Kupó! ¿Kupopo pó kupo kupó?

-Sería una buena idea, sí.

-¡Wark!

-¡Kupó!

El moguri se marchó saltando. Ankar y Onizuka solo lo siguieron con la mirada, sin haber entendido un ápice de la conversación.

-Señora, ¿qué...?

-Nada. -La dragona sonrió como solo ella podía, mostrando una hilera de afilados dientes.- Un simpático moguri inventor.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

-¿Y a dónde dice usted que se dirige?

Era la cuarta vez que preguntaba.

-Al otro lado del desierto.

Era la cuarta vez que respondía.

Lomehin había tenido la suerte de encontrar a alguien poco después de comenzar a deambular por el desierto. Se trataba de un anciano con su carreta, tirada por chocobos, que se había ofrecido a llevarle movido por una compasión de origen dudoso, y que aprovechaba el hecho de que ambos parecían llevar la misma dirección. Sin embargo, ninguna de las preguntas del viejo había conseguido ser respondida, especialmente aquellas sobre cómo se las había arreglado el caballero oscuro para quedarse tirado en mitad de la nada.

-Entonces debes tener amnesia -concluyó al fin el anciano.

-Puede ser -mintió el hombre.- Solo sé mi nombre.

-Por cierto, ¿qué te pasa en el brazo? Brilla mucho, de color rojo, como si lo hubieras metido en una fragua...

Lomehin miró su brazo izquierdo, cubierto por la armadura. Pronto se quitó el casco para ver mejor, dejando que la negra melena que ahora poseía se agitara con el viento del desierto. Un anillo rojo brillaba sobre su extremidad izquierda, rodeándola. Uno de los brazaletes que llevaba.

-¿Qué es? -Insistió en anciano.

-No lo sé -volvió a mentir el caballero-, pero creo que me indica el camino que debo seguir.

Claro que sí, admitió para sus adentros, porque ese color representa el fuego, y a su templo lo llevaba. Si se estuviera equivocando de camino otro brazalete brillaría para indicárselo, por cómo Lemnar lo había hecho. Sin embargo, del cómo lo sabía no estaba seguro, simplemente tenía ese conocimiento. Quizá, pensó, lo de la amnesia no sirviera solo como historia para ocultarse, quizá se convirtiera en realidad; sentia como parte de sus memorias se nublaban, y cómo gran parte de su poder se desvanecía.

Sintió de pronto la mirada del anciano sobre él, y al girarse para encararlo le pareció que el brillo de sus ojos no era normal, aunque era absurdo. En ese mundo no podía haber otro como él, y de haberlo estaría en problemas. Ahora estaba atrapado por el dragón negro.

-Buenas noticias, muchacho. -Lomehin salió de su ensimismamiento al oír al viejo hablar.- En un par de horas más haremos una parada, cuando lleguemos al Templo del Fuego Eterno.

-Gracias.

Sí, los brazaletes funcionaban.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

El aire cálido del desierto golpeaba sus rostros con fuerza junto a la arena que levantaba. Los chocobos, ambos, avanzaban con firmeza por un terreno que carecía de tal cualidad, y sus jinetes se esforzaban por mantener la vista al frente y la concentración al máximo. Angelus procuraba volar sobre ellos para proporcionarles sombra.

-Esto es la gloria, tío -decía Onizuka una y otra vez, con una perenne sonrisa en su cara.

-No sé yo... -Ankar sacudió la cabeza, intentando despejar el sudor que cubría su frente y goteaba ante sus ojos. El calor le dificultada pensar y comunicarse adecuadamente.- Quién como tú...

-¿Como yo? Ah, ¿lo dices por ella?

No hacían falta señalizaciones, pues ambos sabían de qué hablaban. La espada a la espalda del samurai tenía el elemento fuego como característica natural, afinidad compartida por su portador. Para Ankar, en cambio, el elemento base era la electricidad, el rayo, desde que varios años atrás encontrara a Raikoken...

-Bueno, Honoikazuchi me quiere, yo la quiero y juntos nos lo pasamos bien -bromeó el samurai.- Lástima que ella no es tan parlanchina como tu...

-Shh, espera.

Ankar detuvo su chocobo, y Onizuka y Highwind lo imitaron. Pocos segundos después Angelus descendió frente a ellos.

-Huele a dragón.

-Esto...

-No te pases de listo, demonio -interrumpió la dragona.- No soy yo, pero es un dragón conocido.

Ankar oyó en completo silencio las palabras de su madre adoptiva, y en solo unos segundos las piezas encajaron. Cerca. Dragón conocido. Lemnar. Sin esperar un segundo más se lanzó al galope con su chocobo, apretando su colgante en la mano.

-A veces es tan estúpido mi hijo... -Angelus suspiró mientras veía como, sin necesidad de direcciones, Onizuka partía en pos de su amigo y compañero.- Tendré que alcanzarlos antes de que comentan un error.

La dragona levantó el vuelo una vez más, pero esta vez no se alejó demasiado del suelo. Sería muy complicado atraparlos si no.

Ankar permaneció ajeno a las palabras de la dragona y a los movimientos de su compañero, solo le interesaba encontrar el origen del olor. Su olfato, aunque entrenado como el de una bestia, estaba lejos de ser tan fino como el de Angelus, por lo que aún no percibía el olor. Su única guía era su instinto, la sensación de estarse acercando a su declarado enemigo.

-¡Ankar! -Onizuka no tardó en alcanzarlo, por lo que se apresuró en llamar su atención.- ¿Vas a ponerte la armadura?

-Pronto. -Fue el escueto pensamiento del peliblanco.

Los chocobos corrían a su máxima velocidad, cubiertos una vez más por la dragona, que rugió a los pocos segundos de alcanzarlos.

-Ankar, creo que tu madre quiere decirnos algo.

-No ahora.

-¿Seguro?

-Esas cosas no las decidís vosotros.

Sin darles tiempo para replicar, las garras de Angelus aferraron a Ankar y Onizuka, levantándolos del suelo junto a sus chocobos. El dragoon, indignado, comenzó a intentar soltarse.

-¡Madre! -Recriminó mentalmente.- ¡Déjame bajar!

-Así iremos más rápido, y así no harás estupideces. -La dragona subió y aumentó su velocidad.- Por el suelo aún tardaríais varias horas, y probablemente no lo alcanzaríais. Y no, no es Lemnar.

-¿¡Qué!?

-Me imaginaba que se trataría del dragón negro. -Onizuka se acomodó como pudo entre las garras de la dragona.- A veces eres tan crío, Ankar...

-Mira quién habla...

-Por una vez le doy la razón al demonio. -Angelus dejó que las corrientes de aire la empujaran un poco.- El rey dijo que aún no tenías el nivel suficiente, y es cierto. Por eso, demos gracias ahora de poder averiguar quién es el hombre que huele como él y vaga por el desierto...

Ankar no respondió, tanto su madre como su amigo notaron que cerraba su mente para evitar que se le escaparan pensamientos. Así que siguieron avanzando, raudos y en silencio, después de que la dragona dejara a los dos humanos acomodarse sobre su lomo.

-Eh -Onizuka, utilizando una mano como visera para que el sol diera en su ojo bueno, señaló un punto entre la arena con la otra-, ¿no es una caravana eso de ahí?

-Creo que hemos encontrado el origen del olor.

Ankar sintió de pronto el olor, el aroma ya conocido, y sintió cómo se le erizaba el cabello de la nuca. Invadido por la ira, sin previo aviso, se levantó sobre el lomo de Angelus y saltó, en dirección al suelo.

-Y ahí va... Venga, ahora yo.

-Tú quieto, demonio.

Que el Salto de los dragoons era su principal técnica era un hecho conocido por todos. La curiosidad era saber cómo saltaban, y cuánto. La altura y la velocidad siempre variaban, así como la fuerza de la caída.

Ankar, habiendo saltado desde el lomo de la dragona, se encontraba a una altura que incluso para él era normalmente imposible. Pero su forma de aprovechar la situación quedó patente cuando, desde su colgante, unas alas azules surgieron y lo rodearon, transformándose en una armadura del mismo color, y el cilindro que colgaba de su cinto saltó a su mano con la forma de una lanza. Al aterrizar, el hasta de su arma se clavó con fuerza en el suelo, y una ola de arena se levantó a su alrededor. De forma lejana oyó los chillidos de chocobos y gritos de sorpresa de un hombre.

-¿¡Qué es!? ¿¡Un bandido!?

-¡So! ¡Quietas ahí, gallinas gigantes! Muchacho, eso es un dragoon.

-¡Eh, peña, que yo también quiero fiesta!

Cuando Ankar volvió a mirar, a través del casco de su armadura, vio que Angelus había ayudado a Onizuka a bajar con los chobocos y que frente a él la "caravana" no era más que un carro de arena tirado por dos aves un poco más grandes que la que él montaba. Y en el carro había dos hombre: un patético anciano y un tipo más joven armado al estilo de los caballeros oscuros. De éste último venía el olor.

Lomehin sacó su espada y su escudo y las enarboló contra Ankar, a la vez que este sostenía su lanza con las dos manos, apuntándole. Onizuka miró a su compañero mientras intentaba tranquilizar al chocobo de alquiler.

-¿Es él?

-Pero es humano...

El pensamiento llegó a todos, por lo que el viejo y Lomehin miraron con sorpresa a Ankar.

-¿Qué he hecho yo para ganarme la enemistad de un dragoon? -Preguntó con cautela el moreno, sin bajar la guardia.

-¿Quién eres tú, que hueles a dragón negro y vistes como un caballero oscuro? -Preguntó mentalmente Ankar.

Telepatía. Lomehin intentó hacer contacto visual con Ankar, invadido por la sensación de que, si lo conseguía, averiguaría más sobre él, pero fue en vano. Al menos sabía que no debía bajar la guardia.

-Soy Lomehin. No sé nada más.

-¡Mientes!

-Tranquilízate, muchacho. -El anciano se acercó a Ankar con las manos en alto.- Me encontré al joven hace un par de horas; estaba perdido por el desierto y decidí ayudarlo. Tiene amnesia.

Lomehin agachó la cabeza, avergonzado. Tener que mentirle a simples humanos para sobrevivir era lo más humillante que le había pasado en toda su vida... Y, sin embargo, su gesto fue malinterpretado como uno de incomodidad por su situación, convenciendo al guerrero de armadura azul.

-Eso no explica tu olor. -Ankar, para demostrar que aceptaba la historia, bajó la lanza e hizo desaparecer la armadura, que se transformó en una luz azul que fue absorbida por su colgante.- ¿Y hacia dónde te diriges por el desierto?

-Según parece, tengo que ir al Templo del Fuego Eterno. Es lo que me indican estos brazaletes. -Lomehin levantó su brazo, mostrando el brazalete que brillaba como el fuego.

-Entonces vente con nosotros.

-¿Qué?

-¿Cómo?

Ankar y Lomehin se giraron a la vez hacia Onizuka, que con una burlona sonrisa en la cara y los chocobos sujetos por las riendas hablaba.

-No sabe quién es, tiene que ir al Templo igual que nosotros y es un buen guerrero. Que se venga con nosotros.

-Pero...

-Lo mejor sería que acampásemos y siguiésemos discutiendo todo esto más tarde. Se acerca la noche, y aquí hay muchas cosas que hablar.

Al fin, detrás del samurai y el dragoon, Angelus aterrizó. Los humanos tuvieron que taparse la cara para cubrirse de la arena que la dragona levantó al tocar el suelo.

-Pero, madre... -El anciano y el caballero oscuro miraron sorprendidos a Ankar al oírlo. ¿Madre, una dragona?

-Sé razonable, hijo. -Angelus sonrió y se giró hacia el moreno.- Lomehin, si tú quieres, eres bienvenido al grupo.

El siervo de Lemnar pensó rápidamente. Aquellos tres conocíana Lemnar, seguro, y tenían que ir al templo... Siendo uno de ellos soldado no cabía más opción que se tratara de una misión, y quién sabe, quizá era la misma que la de él. Quizá, y solo quizá, sería bueno acompañarlos...

-Iré con una sola condición -dijo finalmente-: que no intenten matarme de nuevo, como hace un rato.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

El campamento estaba levantado, pero solo los tres guerreros y la dragona eran parte de él. El anciano, excusándose, había dicho que tenía asuntos que atender que le impedían quedarse a compartir con "los jóvenes", por lo que, tras despedirse afablemente de Lomehin, se había marchado con su carreta y sus chocobos lejos de allí.

Pero ese no era el tema de conversación que los ocupaba. Después de que el anciano se marchara un gusano y algunos sahagins de arena los habían atacado, pero de algún modo Lomehin los había ahuyentado con poco más que una mirada. Tras dicho evento, Angelus había declarado abiertamente que se fiaba del caballero oscuro, y con el sol poniente de fondo, a la sombra de una gran duna, discutían este hecho.

-Sigue oliendo a Lemnar. -Se quejaba mentalmente Ankar, intentando que sus pensamientos solo llegaran a su madre.

-Pero eso no significa nada -contestaba Angelus en voz alta.- Podría haber pasado cerca de un lugar donde él estuvo y no recordarlo, pero haberse impregnado de su olor.

-¿Y cómo estamos seguros de que tiene amnesia?

-¿Y cómo estamos seguros de que no?

-Qué pesado que eres a veces, Ankar, tío -masculló Onizuka mientras se echaba hacia atrás.- En lugar de comprobar lo paranoico que eres, ¿por qué no discutimos cómo hacer lo del templo? A mí aún no me queda claro a qué vamos.

-Considero que es una pérdida de tiempo estar aquí -añadió Lomehin.- ¿No debería ser vuestra prioridad llegar allí también, siendo una misión de vuestro rey?

-Su rey -corrigió el samurai.- Yo no soy ciudadano de Baron.

-Nuestra misión -Ankar ignoró el asunto sobre las nacionalidades- es verificar la seguridad de los cristales. El rey Cecil me dijo que había posibilidad de que algo los amenazara, y debemos procurar que eso no pase. Por eso, primero debemos ir al Templo del Fuego Eterno, confirmar cuál es esa amenaza, y luego informar a su majestad. Luego iremos al resto de Templos...

-Entonces, ¿tu misión es recorrer todo el mundo en busca de los cristales? -Lomehin sacudió la cabeza, sorprendido.- No sé si os acompañaré siempre.

-Si decides unirte no hay vuelta atrás -advirtió el dragoon-, así que será mejor que des una respuesta definitiva ahora.

-No sé qué me depara el futuro; si voy ahora con vosotros está claro que es por conveniencia, pero es lo único que sé, así que debo aprovecharlo.

-Si no, podemos hacer otra cosa -Onizuka sonrió cuando los otros dos se giraron hacia él.- Yo peleo con Lomehin y si le gano se viene, y si me gana él... se viene también.

-Eso no arregla nada -Ankar suspiró, cansado.

-No, pero es que me aburro. Me falta mi dosis diaria de derramamiento de sangre. ¿Crees que yo puedo ser feliz en un mundo tan pacífico?

Sin esperar contestación, el samurai se acercó a su chocobo, que permanecía atado junto al otro chocobo a una estaca de madera que habían clavado en el suelo. Con rápidos movimientos lo soltó y sacó su espada mostrando una perversa sonrisa.

-Vamos a jugar a hacer taquitos de chocobo...

-¡WARK!

Lomehin y Ankar lo observaron, con claros pensamientos por parte del dragoon sobre lo avergonzado que a veces se sentía por el comportamiento excéntrico de su compañero. El caballero oscuro permaneció impasible a todo esto.

-Entonces -dijo, retomando la conversación interrumpida por el samurai- hagamos lo siguiente: iré con vosotros al templo, os ayudaré en lo que haga falta y después decidirás si confiar en mí o no.

-Puede ser una buena solución...

-En todo caso, tú también tienes que ganarte mi confianza.

Ankar no pudo hacer menos que quedarse boquiabierto ante el comentario del moreno, pero antes de que pudiera decir nada éste siguió hablando.

-Y sigo diciendo que perdemos el tiempo acampando.

-El Templo del Fuego Eterno solo se puede visitar por las mañanas, mientras dura la luz del sol. Pero a la distancia que estamos es imposible que lleguemos antes del anochecer, por lo que lo mejor es descansar algunas horas y terminar el trayecto antes de que amanezca.

Lomehin asintió con la cabeza, y Ankar suspiró, volviendo a posar los ojos en el samurai. Tenía que darle una oportunidad a ese tipo, no podía ser tan cerrado, y tomando en cuenta su misión... Pero estaba el asunto del olor, que lo estaba poniendo enfermo... Aunque quizá, con suerte, después de que se diera un baño y limpiara la armadura y su ropa parecería alguien más normal. Lo que estaba claro era que Angelus sabía más de lo que le quería decir, por algún extraño motivo...

Onizuka había guardado su katana un rato atrás, y se entretenía jugando a "lanzar al chocobo", juego consistente en levantar a Highwind del suelo y lanzarlo al aire, para luego volverlo a atrapar y arrojarlo una vez más, y así repetidas veces. Los graznidos del pobre animal eran claramente audibles, pero su dueño no parecía en lo más mínimo afectado por ellos.

De pronto Highwind cayó pesadamente sobre la arena, llamando la atención del caballero y del dragoon inmediatamente. El pelirrojo se había dado la vuelta y volvía a tener su arma en la mano, y escrutaba los alrededores con su único ojo. Ankar y Lomehin lo imitaron, pero en el instante en el que se pusieron en pie vieron al samurai atrapar algo y levantarlo sin aparente esfuerzo.

Era un muchacho, de no más de veinte años y con el cabello de un extraño color azul.

-¿Qué hacías arrastrándote entre la arena, pequeña rata?

El joven cayó presa del siniestro brillo del amarillo ojo de Onizuka, y antes de poder decir nada perdió el conocimiento.

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Capítulo 3: El Comienzo.

14/09/08


Después de explicarle la misión a Angelus, Ankar permaneció un rato mirando en la dirección en que la muchacha, Mital, había partido. Le había dado una buena impresión, pero lo que había oculto en ella... En su interior sentía saberlo, pero no era capaz de sacar tal conocimiento a la luz.

-Da igual -pensó finalmente-, tanto si es una semielfa como una semidiosa. Compartimos condición, a fin de cuentas.

-Hijo mío, tú no eres un semiser.

-Pero siento como si lo fuera, madre -respondió el dragoon mentalmente.- Soy un humano criado como semiser... No, fui criado como dragón entre dragones -se corrigió finalmente.- Gracias a ti.

Angelus parecía sonreír, y bajó la cabeza hasta el suelo, dejándola descansar ahí. Ankar apoyó la espalda y la cabeza en el cuello de la dragona, y se quedó mirando el cielo.

-Madre...

-¿Sí?

-¿Crees que podremos vencerle?

Angelus miró a su hijo adoptivo por el rabillo del ojo, y dejó secapar el aire por la nariz; era su forma de suspirar.

-El rey tiene razón y lo sabes.

-Sí, sí. ¿Pero qué piensas tú de todo esto?

-Una parte que no me enorgullece de la naturaleza de los dragones es que somos vengativos... Aunque, también, esa venganza no siempre es inútil.

-Te prometo que le venceré, madre. -Ankar inspiró profundamente, intentando armarse de valor para la misión que tenía enfrente, y su seguro encuentro con Lemnar.- Te prometo que... ¿Qué es eso?

Ankar se irguió rápidamente y comenzó a mirar a todas partes. Sentía que alguien se acercaba, el portador de una enorme sed de lucha. De pronto, al fondo de la carretera que sin entrar en Baron llegaba al área de aterrizaje de los hiryuus, vio la figura de un hombre combinada con la de un ave.

-¿Onizuka? -Comunicó Ankar inmediatamente.- ¿Ya estás llevando a Highwind a la espalda?

El hombre-ave frenó de golpe frente al dragoon, sonriendo de manera macabra, y soltó al chocobo, el animal que llevaba a su espalda, en el suelo sin miramientos. Luego sacó la espada que llevaba a la espalda, una katana, y golpeó con ella la que llevaba Ankar. Ambos se miraron, en silencio, hasta que el recién llegado no pudo aguantar más y comenzó a reírse a carcajadas.

-No has cambiado nada, Einor.

-¿Tú estás loco o qué? -Recriminó mentalmente el aludido.- Atacar a un dragoon así, sin motivo aparente, en mitad de Baron, donde se sabe que es el mejor lugar para entrenarlos después de Burmecia...

Onizuka, por toda respuesta, siguió riendo a carcajada limpia.

Angelus los miró mientras recordaba. Su pequeño y el joven samurai se habían conocido varios años atrás, durante una misión, y se habían hecho amigos, viéndose desde entonces muchas veces más en muchos otros viajes. El espadachín, antiguo ciudadano de Doma, era poco más alto que Ankar, más fornido y moreno, y poseedor de una corta cabellera pelirroja y una perilla del mismo color. Su ojo visibe, de color amarillo, era el que le daba el aspecto más fiero y cómico, más que su inseperable chocobo albino o su vieja armadura. Recordó en ese momento la primera impresión que había tenido de él, años antes, por su olor a demonio, y lo que había pensado después al verlo llevarse tan bien con Ankar. Para ella, ver a los dos humanos juntos era similar a ver a sus pequeños dragones jugar.

Con otro de sus suspiros, volvió a centrar su atención en la charla de los dos hombres.

-¿Una misión?

-Sí. Me han encargado ir a los templos para... -Ankar cerró su mente. No podía decir "para ir a destruir los Cristales", porque entonces cualquiera estaría en su justo derecho de denunciarlo o incluso ajusticiarlo ahí mismo, por muy orden del rey Cecil que fuera.- Tengo que ir a ver los Cristales. El rey teme que algo los esté amenazando.

-Ah, mola. -Ankar lo notó con solo mirarlo, y admitió para sí mismo que tampoco su amigo lo ocultaba; Onizuka no estaba muy convencido. Se le ocurrió entonces una idea.- ¿Y?

-Hay que buscar seis templos, consiguiendo el permiso de lso guardianes y enfrentando monstruos.

-¿Y?

-Los guardianes no se rinden sin luchar, y los monstruos se hacen más fuertes con el debilitamiento de los cristales.

-Ajá...

-¿Te apetece venir? No creo que te vayas a aburrir, así que...

-¿Has dicho que los guardianes son fuertes, no?

-Sí.

-¿Y que los monstruos también son fuertes?

-Sí.

-¿Y que te han mandado a ti solo a pasártelo teta, matando bichos a diestra y siniestra, a monstrencos que están en el mundo desde hace siglos y que casi nadie ha visto y pasándolo de puta madre, como ya he dicho?

-En principio sí, aunque me han dicho que si encuentro algún compañero de viaje no hay problema en que venga... ¿Te apuntas?

Onizuka abrió desmesuradamente su ojo y, sujetando a Ankar por los hombros, comenzó a zarandearlo.

-¡Joder, macho! ¡Tienes que estar de coña! ¡Que me despellejen vivo si me quedo! ¿¡Cuándo nos vamos!?

-Pues -Ankar se soltó con delicadeza del agarre de Onizuka- no nos iría mal que un mago blanco... -Onizuka lo miró acusadoramente-, bueno, o una maga blanca, se uniera a nosotros.

-Pero podemos partir ya, ¿no?

-Sí, podemos partir cuanto antes.

-¿Y empezaremos por...?

-El Templo del Fuego Eterno -respondió una voz. Onizuka y Ankar se giraron para encontrarse con Kain.- Acabo de hablar con Cecil... Me ha dicho que te vayas lo antes posible, y me ha pedido que te dé esto. -El maestro dragoon le tendió un papiro enrollado y un zurrón de cuero al dragoon.- Es un mapa y una bolsa con provisiones: pociones, algunas colas de fénix, algo de dinero, comida y agua para la travesía del desierto.

-¿El desierto? -Exclamaron Ankar y Onizuka a la vez.

-Así es. El Templo del Fuego se encuentra en el desierto, al norte de aquí. Si partís ahora, yendo con Angelus -Kain hizo un gesto de respeto con la cabeza- y con un chocobo, puede que lleguéis esta misma noche. Solo tendréis que aguantar el calor del día.

Los jóvenes suspiraron, Kain se rió.

-Solo una cosa, maestro -intervino Ankar en ese momento.- ¿Sería posible pedir la ayuda de una maga blanca?

-Me temo que no, hijo -Kain agachó la mirada, apenado-. Toda la gente de Rosa está ocupada en... tú ya sabes.

-Entiendo.

-Ah, sí, se me olvidaba -Kain abrió la bolsa que colgaba de su cinto y sacó algo de ella. Era un anillo de plata, con un ala y una espada en su efigie, y un pequeño pergamino con la misma insignia.- Éste será tu salvoconducto para entrar en los templos. Lamento no poder ayudarte más, pero... Te deseo éxito en el cumplimiento de tu misión. Cuídate.

-Lo haré, maestro. Gracias.

Kain dio media vuelta y se marchó sin decir más. Samurai y dragoon se miraron.

-Así que habrá que cruzar el desierto, ¿eh? Será duro.

-Sí...

-Pero las hemos pasado peores.

-Cierto.

El pelirrojo se giró hacia la dragona, intentando adoptar una expresión inocente.

-Señora, con todo el respeto, ¿quizá no le importaría cargarnos a mi chocobo y a mí? Ya que seguramente cargará con Ankar...

-Antes muerta, fíjate tú.

Onizuka comenzó a reír una vez más, y se quedó mirando las nubes.

-En todo caso, yo pensaba buscar un chocobo para el trayecto -comentó Ankar entonces-, así que vamos iguales.

-Eso se dice antes, cabrón.

El dragoon comenzó a caminar hacia el establo de la ciudad, pero se detuvo al ver que su amigo seguía mirando el cielo.

-Las nubes transmiten tanta paz...

Ankar lo imitó y miró al cielo también.

-Eso es porque nunca has estado sobre ellas.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Oscuridad. Todo es oscuridad. En ese mundo inexistente e inalcanzable para los humanos, allí, algo se mueve: una sombra, pero no una pequeña sombra, no la de un simple insecto, o animal, ni siquiera la de un humano; es la sombra de un coloso que se mueve entre la oscuridad. Sin embargo, parece que se detiene, parece que actúa como un animal. Olfatea, olfatea el aire de esa ralidad oscura y se estremece. Intenta hui, pero está paralizada y nota como tiran de ella.

Sale. Sale. Sale de allí, de ese mundo oscuro. Está en otro lado, en otro mundo. Se retuerce en un suelo negro y frío. Se retuerce, se enconge y se transforma. Ya no es un ente informe, tiene brazos, tiene piernas, y poco a poco toma forma humana. Pero sigue retorciéndose en el suelo, temblando y gritando de odio y de dolor, y de repente una risa aumenta. El nuevo humano se detiene, mira y escucha.

-Al fin estás aquí.

Se levanta y encara al origen de la voz.

-¿Por qué me has traído a este mundo?

-Ahora es tu mundo.

-Déjame volver. -No reclama, no ordena. Solo habla.

-Nuestro señor me dio una misión aquí. Sólo él está por encima de mí, y tú lo sabes. Vamos a tener problemas, él lo siente y yo también, y no puedo llevar a cabo mi misión sin que lo que está bajo mi mano peligre. Por eso necesito un vasayo, un aliado; a ti.

-Dioses y dragones creéis saberlo todo. Este no es mi mundo. ¿Cómo esperas que pueda moverme? ¿Cómo esperas que llegue a los templos?

-¿Cómo lo sabes?

-Acabo de decírtelo. Creéis saberlo todo, pero yo también lo sé. Lo siento.

-Me pregunto si no sería mejor acabar contigo, simplemente...

-Soy necesario, y puedo ser peligroso. Puedo poner vuestros planes en vuestra contra. Pero aceptaré el encargo.

-Ni siquiera sabes cuál es.

-No necesitas decírmelo, Lemnar, Dragón Negro. Pero espero que ambos, tu señor y tú, sepáis que sacándome de allí habéis eliminado a uno de los protectores del otro lado.

-Puede ser. En cambio, tú debes saber que las cosas aquí no funcionan como en el otro lado, y que al ser yo quien te ha traído soy quien tiene poder sobre tu destino. Por eso tú serás mi caballero oscuro.

Lemnar extendió su mano, una garra, y el cuerpo del humano se vistió de una armadura cuyo color oscilaba entre el azul más oscuro y el negro. En sus manos, además, se materializaron una espada y un escudo que parecían hechos de girones de sombra.

-El nombre que usarás ahora será Hijo del Crepúsculo, o como se dice en la lengua de los elfos que te enseñó tu padre en tu niñez, Lomehin.

-Gracias. Ahora sólo necesito saber cómo engañar a un dragón.

-¿Y eres quien dices ser?

Lemnar sonrió, mostrando sus afilados dientes, y poco a poco comenzó a reír. Lomehin apretó los puños, enfurecido, y se lanzó contra él. Cuando creyó haber desatado un fuerte golpe sobre su adversario descubrió, no sin estupor, que se encontraba abandonado en mitar de un desierto, sin nadie alrededor.

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Música para la gente.

1/06/08
Bueno, después de haber muerto el blog y la historia durante mucho tiempo gracias a nuestro amigo Kahad, volvemos al ataque.

Primero, Kahad ha puesto por fin su capítulo (Pide clemencia, el pobre...) y Dreighart ha puesto su parte. Bien, ahora que continuamos por fin con la historia, Hassle está en proceso de hacer su capítulo.

Intentaremos seguir con el ritmo bueno, a ver si podemos llegar a mitad del mundo de la Luz cuanto antes (Si, soñar es gratis, pero quiero hacerlo T^T).

Sin embargo, coloco esto mientras. Los dos discos de los Black Mages de Nobuo Uematsu. Están sacados del foro de Anime Fans 3000, y subidas por el usuario Wolfang. Aquí coloco los dos archivos para descargarlos desde RapidShare.

The Black Mages Disco I

The Black Mages Disco II

También decir que la Administradora Mital y la dirección han llegado a un acuerdo para pedirle al encargado de Diseño Gráfico, el señor Cid Wallace, que coloque estas canciones en el hilo musical de la empresa aquí, en el blog. Solo habría que esperar a que el señor Wallace volviera de su viaje de negocios para poder hablarlo con él.

Gracias por su atención.

Atte: Ankar Einor, Director de Crystal Destruction

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Dead Fantasy 2

26/03/08
Bien, ya tenemos aquí la esperada segunda parte de esta amalgama de Final Fantasy y Dead or Alive. No exagero al decir que la coreografía de la lucha supera a casi cualquiera que hayas podido ver antes. En serio. Sin más, aquó os dejo el link hasta que alguien me diga como poner videos en streaming directamente. >.>

http://www.gametrailers.com/player/usermovies/193489.html?playlist=featured

En otro orden de cosas, siento el retraso que llevo arrastrando de mi capitulo... Paciencia, pronto estará listo. Gracias por vuestra paciencia.

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"Click-Click"

19/03/08
Ya que vamos hacer el ridiculo como todos los años en Eurovisión, he prediseñado mi versión Friki de la canción del "Chiqui-Chiqui". Está hecha para infomaticos y se llama "Click-Click". Para quienes no lo recuerden, o no lo hayan visto la idea viene de este video:



"Click Click"

A cantar:

¡¡¡Teclea, teclea!!!

El javascripy mola mogollón,
funciona en explorer y también en firefox.

Ponle javascripy a esa paginita,
que el javascripy la deja muy bonita.

Abre ventanas,
muestra mensajes,
valida formularios,
mi amol ya tu sabes!

Programan los seniors,
Programan los juniors,
Programa mi jefe con acentos en el function!

Y el javascripy se programa asi:

1-El tag (script)
2-el function vars
3-el alert-confirm
4-el return trú

Programa el javascripy,
Programa el javascripy,
programan los heavys también los frikis

Programan en la offis, programan en la uni,
Programan los fruittis y también los lunnis.

Programa Maradona esnifando una raya,
y Juan Carlos le dice: ¿Porque no usas ajax?

En el formulario de un triste portal,
pusieron javascripy y ya pudo validar

¡¡¡Validar!! ¡¡Validar, validarr, validarrr!!!

Y el javascripy se programa asi:

1-El tag (script)
2-el function vars
3-el alert-confirm
4-el return trú

Atentamente Onizuka Derakainu.

Karpo! Karpo! ¿quién ha dicho yo? ¿quién ha dicho yo?
Son mis fantasmas.

-Asuntos Paranormales-

(\___/)
(=º.º=)
(")__(")

Complementando el artículo de Marqueting.

20/02/08
Bueno, como en su momento no había tiempo para hacer esto (Más que nada porque era muy entrada la noche y no busqué nada más que ciertas canciones) coloco aquí la versión original del nuevo tema de Kahad.



Aquel que sepa editar videos... ¡QUE ME ENSEÑE! o.ó Así podremos editar el video este para que quede... <.< Eso, ya me entendéis.

Ankar Einor, Dirección.

P.D.: De paso también editaremos las escenas de Kahad yendo al baño <.<

Canción Tema de Kahad (Al fin terminada)

El departamento de marketing, después de bastante tiempo de no hacer nada además de leer y dar críticas a los posts hechos, por fin ha comenzado a trabajar, realizando después de un duro y arduo trabajo (como 7 minutos ^^U), nuestro equipo finalmente ha terminado su primer trbajo. La canción tema: Emo Kahad Ninja Turtle, compuesta, dirigida,producida y tal vez pronto cantada por su servidor. Espero la disfruten:




Emo Kahad Ninja Turtle,

Emo Kahad Ninja Turtle,

Emo Kahad Ninja Turtle,

Let´s go cut the veins,

Emo power.

There the world's most raresome fighting thing,

(I´m really green)

He’s a heroe with a black hair and green skin.

(I said that, gay ._-.)

When the evil Lemnar attacks,

This Emo boy only cuts his arm.

Emo Kahad Ninja Turtle,

Emo Kahad Ninja Turtle,

An mute guy taught him to be in a team,

(he talks with the mind)

The mute Ankar lead's, Hassle and Mital make magic!.

(Crazy people they are)

Dreigh and Lyth are cool but crude,

Dreigh: (Yle is rare)

And Onizuka is the drinking dude.

Onizuka: (Highwind!!!!!!!)

Emo Kahad Ninja Turtle,

Emo Kahad Ninja Turtle,

Emo Kahad Ninja Turtle,

Let´s go cut the veins,

Emo power.



Habiendo terminado esto, espero que pronto esten atentos para más temas musicales con los distintos personajes como protagonistas, sin más, me despido ^^



Hassle Argel

Gerente de Marketing de Crystal Destruction